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Los temores más comunes de los futuros papás

 

Desde el momento en que sabes que vas a ser padre aparecen temores y sensaciones no conocidas hasta el momento. A continuación te contamos cuáles son los miedos más comunes a los que se enfrentan los futuros papás:

 

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Temor a no ser un buen padre

Uno de los miedos más grandes a los que se enfrentan los hombres, es pensar si serán capaces de proteger a su nueva familia y de mantenerla económicamente dado que en la mayoría de las familias, cuando llega el primer bebé hay un cambio económico. Por si esto fuera poco, también se espera que proporciones apoyo emocional a tu esposa, ya que ella estará pasando por grandes cambios emocionales y tú debes estar listo para poder ayudarla.

 

Temor a sentirse mal durante el parto

A muchos padres les preocupa no ser capaces de estar a la altura de las circunstancias cuando su esposa esté de parto. Tienen miedo de desmayarse, de vomitar o de marearse cuando vean todos esos fluidos corporales: casi todos los hombres experimentan estos temores, pero estas situaciones casi nunca se dan.

Si realmente no puedes tolerar la sangre, sal fuera de la sala de partos. No ignores tus temores, trabájalos. Habla con otros padres que hayan estado allí.

 

Temor a la paternidad

Alrededor de la mitad de los nuevos y futuros papás admiten que se les cruza por la mente la sospecha de que ellos no son realmente los padres del bebé. Lógicamente, esto no tiene mucho sentido, pero emocionalmente indica que algo está pasando. La preocupación se debe a que inconscientemente creen que no pueden haber creado algo tan maravilloso.

 

Miedo a la mortalidad

Cuando eres parte del comienzo de la vida, no puedes dejar de pensar en el final de la misma. Los pensamientos acerca de tu propia mortalidad pueden abarcar muchos temas. Ya no eres la generación más joven, tu reemplazo ha llegado y si todo va como tiene que ir, tú te morirás antes de que tu hijo muera. También te puede asaltar el miedo a morir cuando tu hijo más te necesita. Para muchos hombres jóvenes que piensan que son inmortales, eso es un gran cambio.

 

Temor por la salud de tu esposa o de tu hijo

El parto es una experiencia a prueba de nervios. Puede ocurrirle algo a la persona que más amas en todo el mundo. Puedes perder a tu bebé, puedes perder a tu esposa y tener que criar al bebé solo. No hace mucho dar a luz era algo muy peligroso. Hoy en día, aunque el parto vaya bien y el bebé esté bien, la mayoría de los papás y las mamás cuentan en secreto todos los deditos de su bebé y se aseguran de que todo esté perfecto.

 

Temor por la relación

Los hombres a menudo tienen miedo de que su esposa quiera al bebé más que a nadie en el mundo, y eso lo excluya a él de tener una relación íntima. Es un miedo muy real a ser reemplazado. En muchas casas, es la madre quien da “permiso” al papá para que tome al bebé, sólo cuando lo considera adecuado, pero el padre debe dejar claro que también es su hijo y que hay dos personas, un papa y una mamá, criando al bebé.

Cada papá y cada mamá aportan diferentes cosas buenas a la familia. El bebé generalmente se apoya en la madre para tener seguridad, comodidad y calor. Pero el bebé busca en el papá su sentido de la libertad y de individualidad, así como su relación con el mundo. Por supuesto estas cualidades pueden venir tanto del padre como de la madre, pero cuando el bebé puede disfrutar de todas ellas, es fabuloso.

 

Miedo de los exámenes médicos

Los hombres no están acostumbrados a estar en una consulta de ginecología y obstetricia, es algo extraño y frío para ellos. Incluso como observadores, muchos hombres se sienten avergonzados e inhibidos cerca de las camillas de ginecología y los exámenes internos.

Tampoco las salas de examen de los hospitales y las salas de partos están hechas para ser cómodas para un padre. A menudo los hombres no saben mucho sobre el sistema reproductivo de una mujer y por ello cuando se encuentran con esto la primera vez se siente abrumados. Te ayudará mucho estar preparado y participar en las decisiones de tu pareja sobre el tipo de cuidado que desea para ella misma y para el bebé. Hacer un plan de nacimiento te ayudará a aclarar lo que puedes hacer durante el parto.

 

Fuente texto: goo.gl/ZCU1M6

Fuente imagen: goo.gl/YrT4Nx

 

El cordón umbilical en el recién nacido

El cordón umbilical es el último vínculo que queda entre el bebé y su madre, y permanece secándose durante unos días hasta que se cae. Son muchas las dudas que surgen respecto a este tema: ¿cuándo curarlo?, ¿cómo hacerlo?, ¿puedo bañar al bebé o es mejor esperar?, ¿qué hacer en caso de que tenga mal aspecto?, ¿qué hacer cuando ya se ha caído?… Vamos a dar respuesta a todas ellas.

 

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Cuándo cortarlo

Hace unos años se empezó a cuestionar la práctica de cortar el cordón nada más nacer; en la actualidad lo recomendable es esperar un poco (entre 30 y 120 segundos tras el nacimiento) con el fin de que el bebé tenga menor necesidad de transfusión de sangre, menores probabilidades de sufrir anemia y menor riesgo de hemorragia intraventricular.

Ahora bien, el pinzamiento tardío de cordón sólo se puede hacer en caso de que no se vaya a donar la sangre del cordón umbilical, ya que si se va a hacer la donación de esas células sanguíneas el pinzamiento debe ser inmediato.

 

El cuidado del cordón del recién nacido

Lo normal es que el cordón se caiga en el transcurso de la primera semana, pero a veces llega a tardar de dos a tres semanas. Lo recomendable es curarlo con alcohol de 70 grados empapado en una gasa que debe envolver el cordón. Esto se hace dos o tres veces al día, dejando el pañal doblado para que no lo presione, ya que puede tardar más en secarse.

 

¿Y si no lo curamos?

Diversos estudios certifican que es indiferente como se cure el ombligo al comparar el uso de antiséptico con el cuidado del cordón en seco; es decir, aquellos padres que no hicieron nada más que mantener el cordón del bebé seco tuvieron el mismo número de infecciones que aquellos que sí lo curaron con antiséptico o algún placebo.

Ahora bien, en aquellos casos donde el riesgo de infección bacteriana es alto (poca higiene, mala alimentación, etc.) es aconsejable utilizar antiséptico.

 

¿Puedo bañar al niño si aún no se le ha caído el cordón?

Sí, se puede bañar al bebé cuando aún no ha caído el cordón, aunque teniendo en cuenta que lo interesante es que se vaya secando, parece que lo más lógico es no hacerlo. En caso de bañarlo lo importante es secarlo bien con gasas, para que quede limpio y seco. En caso de no bañarlo con inmersión del cuerpo, podemos lavarlo con esponjita, agua y un poco de rapidez.

 

¿Y si tiene mal aspecto?

En caso de que huela mal, haya secreciones o sangre más de lo normal, hay que acudir al pediatra, ya que probablemente haya que hacer uso de antibiótico para evitar la infección del mismo. Si sangra, se recomienda poner gasas y hacer presión en el lugar de sangrado para contener la hemorragia (acudiendo igualmente al pediatra para que lo valore).

 

¿Qué hacer cuando el cordón umbilical ya ha caído?

Hay que observar cómo ha quedado el ombligo, ya que puede haber un pequeño granuloma que deberá secarse y caer como si fuera el cordón. En este caso es interesante acudir a la enfermera para que le eche un vistazo. Si no hubiera granuloma se recomienda seguir controlando el cordón unos días más.

 

¿Y si aún mancha?

A veces habiendo caído el cordón, vemos que aún se mancha la camiseta o el pañal con unas gotas de sangre. Lo recomendable es ir limpiando hasta que deje de suceder, aunque también es aconsejable no hacer nada; es decir, dejar que salga un poco de sangre, que se manche la zona del ombligo, se seque y en vez de retirar esa sangre seca, dejarla para que haga de tapón. El cordón no sangra más hasta que un día esa costra se cae.

 

Fuente e imagen: Bebés y más

¿Qué debo llevar al hospital cuando vaya a dar a luz?

Ha llegado ese momento tan esperado en el que tienes que irte al hospital, pero ¿llevas todo lo que necesitas para ti y tu bebé?

Lo ideal es que prepares tu maleta cuando estés en los 8 meses de embarazo, por si dieras a luz antes de la fecha prevista. Debes preparar dos maletas: la tuya y la de tu bebé; a continuación te damos todas las claves para que no se te escape ningún detalle.

 

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Para el parto

- Tu documento de identidad, tarjeta del seguro y todos los papeles del hospital que necesites

- Tus gafas o lentillas en caso de que utilices

- Artículos de aseo como cepillo y pasta de dientes, cepillo de pelo, champú y gel, maquillaje, barra hidratante para labios y cintas para el pelo si crees que puedes necesitarlas.

- Una bata, un camisón o dos, zapatillas de estar por casa y calcetines. Los hospitales ofrecen camisones, pero la mayoría te permitirá utilizar tu propia ropa. Elige algo suelto y cómodo, y que no te importe si se mancha. Un camisón con mangas cortas es ideal para que te puedan tomar la presión arterial fácilmente.

- Cualquier cosa que te pueda ayudar a relajarte, como tu propia almohada, música, algo entretenido para leer, aceites o lociones para masajes…

 

Después del parto

- Un camisón limpio. Es mejor elegir un modelo que sirva para amamantar (abierto por delante).

- Teléfono móvil y cargador. Asegúrate de tener grabados todos los teléfonos necesarios.

- ¡Algo para comer! En caso de que no quieras comer la comida del hospital, es recomendable que lleves alimentos saludables para ayudarte a reponer fuerzas (fruta, galletas saladas, frutos secos, jugos naturales o cualquier otra cosa que te guste).

- Un sujetador para amamantar o uno normal que sea cómodo. Tanto si decides amamantar como si no, tus senos probablemente estarán hinchados y doloridos cuando te baje la leche. Una vez te baje, las almohadillas protectoras para los senos pueden ser útiles para absorber la leche que pueda salirse y proteger tu ropa.

- Ropa interior de maternidad: prendas cómodas, grandes y de algodón, que no te importe si se manchan.

- Tus toallas higiénicas favoritas. Después del parto sangrarás bastante. El hospital provee toallas higiénicas, pero si tienes una marca o estilo de compresas preferidas, llévate unas cuantas para sentirte lo más cómoda posible. Asegúrate de que sean muy absorbentes y de tener bastantes en casa para cuando regreses.

- Un libro sobre el cuidado del recién nacido. Es posible que el hospital te dé un libro o algunos folletos con información. Además, las enfermeras estarán allí para responder tus preguntas, y enseñarte cómo cambiar, sujetar, amamantar y bañar a tu recién nacido si necesitas ayuda. Pero es posible que te guste leer un libro sobre el tema.

- Libreta y lápiz para todas aquellas preguntas que quieras hacerle a la enfermera o para anotar todo lo que te diga el pediatra.

- Una muda de ropa para volver a casa. Lleva ropa holgada y un par de zapatos cómodos.

 

Para tu bebé

- Un asiento de bebé para el coche ya instalado. Instala el asiento correctamente unas semanas antes de la fecha de parto.

- Una muda de ropa para volver a casa. Los pijamas de una pieza son abrigados y fáciles de poner. Si le pones otro tipo de ropa , lleva medias o zapatitos blandos para sus pies. Lleva también un gorrito para cubrirle la cabeza si hace fresco. Las piernas de su atuendo deben ir separadas para poder pasar la correo del asiento del auto.

- Una mantita. El hospital te proporcionará mantitas mientras estés allí, pero es buena idea llevarte una para taparlo cuando lo pongas en el asiento del coche. Si hace frío llévate una manta más gruesa.

- Cortaúñas para bebés. También puedes usar unos guantes para bebé en esos días hasta que el pediatra te ayude a cortarlas, si te da miedo hacerlo.

 

Fuente: BabyCenter

Imagen: parto.elembarazo.net/preparando-la-bolsa-para-el-parto.html

 

 

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